Santos Venezolanos
Santa Carmen Rendiles: Un destino femenino excepcional
El presbítero e investigador del IIH UCAB reivindica la figura de la primera santa venezolana. Destaca su inquebrantable fortaleza frente a la discapacidad y su valentía al fundar las Siervas de Jesús en Venezuela, tras una ruptura con su congregación original en Francia para preservar su carisma
Un reto interesante para los conocedores (profesionales y amateurs) de la historia nacional sigue siendo la exploración de los eventos que nos han constituido como pueblo, desde una perspectiva específica que redescubra y haga del dominio público (de manera sistemática) las figuras femeninas que han dado forma a nuestro mundo: mujeres de poder, intelectuales, artistas, revolucionarias, empresarias y, por qué no, damas consagradas a la labor pastoral en la iglesia.
Todas ellas, cada una a su manera, han ido más allá de los límites que su época les imponía y han contribuido a la creación de la conciencia cultural que da contenido al gentilicio. Estos datos se evidencian con extrema claridad en la Iglesia católica, cuando consideramos a los venezolanos que, hasta ahora, han sido propuestos para ser canonizados.
Precisamente, las líneas que siguen quieren resaltar algunos rasgos de la personalidad de la Madre Carmen Elena Rendiles Martínez, canonizada el 19 de octubre de 2025, circunscribiéndonos a un momento decisivo en su vida que la colocó ante la disyuntiva de ejercitar ciegamente su voto de obediencia (al modo católico de principios del siglo pasado) y continuar siendo parte de la congregación francesa que le había recibido el 8 de septiembre de 1929, o buscar nuevos horizontes.
Infancia, superación y el despertar de una vocación
Pero, antes, recordemos algunos detalles importantes de la vida de la primera santa venezolana. Carmen Elena Rendiles Martínez nació en Caracas el 11 de agosto de 1903 en medio de una familia católica practicante. Ella viene al mundo con un hándicap mayor: desprovista del brazo izquierdo, debe llevar siempre una prótesis.
Será éste el primer impedimento de importancia que la joven Rendiles tendrá que superar, tanto a nivel personal como social, con la finalidad de alcanzar una vida que valga la pena, para ella en primer lugar, y también para los demás. De hecho, por ejemplo, ella seguirá algunos cursos en una escuela de arte y diseño, produciendo varios cuadros así como también un grupo de piezas de ebanistería. Este esfuerzo estético se convierte, pues, en un testimonio de superación digno de elogio, aún más si se tiene en cuenta que se trata de la década de los años 20 del siglo XX.
Por otra parte, ella estudiaría en el colegio “El Paraíso”, dirigido por las hermanas de san José de Tarbes. Allí no sólo aprende el francés sino que permite que el lenguaje le abra a una serie de experiencias nuevas que caracterizaban entonces la cultura francesa. Más adelante, el conocimiento de la lengua jugará un papel de relevancia al momento de elegir la comunidad en la cual vivir su vocación religiosa.
Tomado de El Ucabista
