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Santos Venezolanos

Venezolana Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz va camino a los altares

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La religiosa venezolana conocida como Madre Lucía del Niño Jesús y de la Santa Faz, nacida como Mireya Asunta Escalante Innecco en San Fernando de Apure, es recordada por su labor como restauradora de la Congregación de las Carmelitas Descalzas en Venezuela y por el proceso de canonización que actualmente estudia la Iglesia católica.

Desde el 7 de septiembre de 2009 ostenta el título de Sierva de Dios, luego de que la Congregación para las Causas de los Santos, con sede en la Ciudad del Vaticano, admitiera formalmente su causa, impulsada por la Diócesis de San Cristóbal. Con el “nihil obstat”, la Santa Sede dio luz verde a la investigación sobre su vida y virtudes, y se constituyó un tribunal especial tanto en Roma como en Venezuela para avanzar en el proceso.

Madre Lucía falleció el 4 de septiembre de 2003 en el convento “Santa María de la Consolación de la Montaña”, ubicado en el municipio Junín del estado Táchira. Tenía 84 años y enfrentaba complicaciones derivadas de cáncer pulmonar, insuficiencia renal y diabetes. Sus últimos días estuvieron acompañados por su comunidad religiosa, sacerdotes cercanos y su médico personal. Antes de morir, recibió la bendición apostólica enviada por el entonces papa Juan Pablo II, a través del cardenal venezolano Rosalio Castillo Lara, gesto que marcó profundamente a la comunidad carmelita.

Con 58 años de vida religiosa y más de cinco décadas de votos solemnes, la Madre Lucía fue fundadora del monasterio que dirigía desde 1989 y que fue consagrado en 2003 por monseñor Mario Moronta Rodríguez. Su legado espiritual se consolidó en la formación de nuevas vocaciones y en la expansión del Carmelo en territorio venezolano.

Su historia vocacional comenzó desde la infancia, cuando —según testimonios— experimentó sueños recurrentes con una figura religiosa que más tarde identificó como Teresa de Lisieux. Aquellas experiencias marcaron su inclinación hacia la vida contemplativa. Sin embargo, antes de ingresar al convento, desarrolló una sólida formación académica: cursó estudios de medicina en la Universidad Central de Venezuela, tras haber iniciado su carrera en la Universidad de Los Andes.

En 1945 decidió renunciar al ejercicio profesional y viajar a Chile para ingresar al Carmelo en Santiago. Allí realizó su formación inicial, profesó sus votos temporales y luego perpetuos, adoptando el nombre religioso con el que sería conocida. Su paso por tierras chilenas se extendió por más de ocho años, periodo en el que consolidó su formación espiritual, intelectual y humana.

Décadas más tarde regresó a Venezuela, donde impulsó la restauración de las Carmelitas Descalzas y fundó el monasterio tachirense donde reposan sus restos. Su funeral, celebrado con amplia asistencia de fieles, sacerdotes y familiares, evidenció la huella que dejó en la comunidad. Veinte días antes de su muerte, incluso, participó en la consagración de la capilla y el cementerio del monasterio, donde eligió personalmente el lugar de su sepultura.

A más de dos décadas de su fallecimiento, la figura de Madre Lucía continúa siendo objeto de devoción privada, mientras la Iglesia avanza en el estudio de su causa, en un proceso que podría, eventualmente, elevarla a los altares.