Conéctate con nosotros

Variedades

La historia detrás del “farmear aura”, la nueva obsesión de internet

Publicado

en

Compártelo:

Hay expresiones que parecen destinadas a morir rápido, y «farmear aura» tiene todas las papeletas. Nacida en internet y con un tono absurdo fuera de contexto, es probable que sea sustituida por otra etiqueta antes de que los adultos la comprendan por completo. Sin embargo, detrás de esta fórmula fugaz se esconde una conducta social bastante más antigua que TikTok.

Tener «aura», en el lenguaje de las redes sociales, equivale a poseer un magnetismo difícil de explicar: presencia, seguridad, misterio y la capacidad de resultar interesante sin parecer demasiado esforzado. «Farmearla» —término heredado del mundo de los videojuegos— consiste en realizar acciones para aumentar ese capital invisible. Resolver una situación incómoda con serenidad suma puntos; tropezarse en público o esforzarse demasiado por parecer cool puede provocar una auténtica bancarrota simbólica. El fenómeno ha alcanzado tal repercusión que el Cambridge Dictionary ya recoge aura farming como la práctica de realizar acciones destinadas a proyectar una personalidad atractiva o interesante.

La cultura digital ha inventado incluso una contabilidad imaginaria con frases como «+1.000 puntos de aura» o «-5.000». Aunque la palabra es nueva, la conducta no lo es: durante siglos se han utilizado términos como honor, gracia, elegancia, carisma o capital simbólico para nombrar la misma obsesión por proyectar algo que los demás reconozcan como especial.

De la corte de Versalles al arte de la sprezzatura

Si TikTok hubiera existido en el siglo XVII, el rey Luis XIV de Francia habría entendido perfectamente su lógica. En la corte de Versalles, levantarse, vestirse o comer eran ceremonias minuciosamente reguladas dentro de una arquitectura del prestigio. El monarca no solo ejercía el poder, sino que lo escenificaba. Dicho en el vocabulario actual, Luis XIV estaba «farmeando aura» a escala estatal. La diferencia es que entonces hacían falta un palacio, una corte y cientos de espectadores, mientras que hoy basta con la cámara de un teléfono móvil.

Otro antecedente histórico se encuentra en el concepto de sprezzatura, formulado en 1528 por Baldassare Castiglione en El cortesano. Esta noción define la capacidad de ejecutar una tarea compleja haciendo que parezca fácil, ocultando el esfuerzo y el artificio detrás de una sofisticación ensayada que se presenta como espontánea. Siglos más tarde, a comienzos del siglo XIX, el dandi George «Beau» Brummell perfeccionó este arte al convertir la sobriedad y la elegancia en fuente de influencia, demostrando que cuanto más evidente resulta el esfuerzo por parecer interesante, menos interesante se parece.

Hoy en día se sigue premiando la misma ilusión: un video aparentemente improvisado en redes puede requerir decenas de tomas y un atuendo «casual» haber tomado una hora de preparación.

Deporte de competición y teorías sociológicas

Las actuales aura battles llevan este juego a una competición directa que evoca las batallas de breaking del hip-hop de los años setenta o las dinámicas de las películas adolescentes. En estos enfrentamientos, gestos, poses y memes sirven para determinar quién domina la escena. Ya no se compite tanto por hacer algo difícil, sino por lograr que parezca memorable, convirtiendo el carisma en un deporte de competición donde el reconocimiento del espectador es indispensable.

Este comportamiento ya fue conceptualizado por la sociología. Pierre Bourdieu explicó en La distinción cómo el gusto, la vestimenta o los conocimientos funcionan como «capital cultural» que, al ser reconocidos socialmente, se transforman en «capital simbólico» (prestigio y autoridad), el equivalente académico a los aura points. Por su parte, Georg Simmel destacó que la moda vive de la tensión entre imitación y diferenciación, un factor clave en el timing del aura. Asimismo, Erving Goffman describió la vida social como una representación donde gestionamos la impresión que producimos ante los demás, una dinámica que internet ha intensificado al convertir incluso el backstage o los momentos «no preparados» en contenido cuidadosamente diseñado.

Finalmente, el filósofo Walter Benjamin planteó que la reproducción técnica erosionaba el «aura» única de una obra de arte. En la cultura contemporánea, donde los looks, poses o canciones se replican de forma masiva, lo único que resulta difícil de copiar es precisamente la presencia, el gesto y la seguridad. Aunque la expresión «farmear aura» termine desapareciendo, la conducta permanecerá: la única novedad es haberle dado nombre, meme y puntuación a un juego social de toda la vida.

Con información de BBC.