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El último altar de Malgaro Medina: la partida de un servidor entrañable en Cabimas

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‎Hay rostros que se convierten en parte del paisaje sagrado de un pueblo. En Cabimas, el andar pausado, dispuesto y servicial de Malgaro Enrique Medina (cuyo nombre a menudo figuraba con «r» en registros locales) era una de esas certezas cotidianas en la vida del altar. Hoy, las comunidades eclesiales sienten profundamente el vacío de quien dedicó sus días a vestir de fe cada rincón que pisó.

‎Nacido el 10 de junio de 1946, «Margaro», como lo llamaban con cariño sus allegados, parecía destinado al servicio del Señor. Unido en matrimonio por 52 años con doña Silvia Ramona Sánchez de Medina con quien procreó ocho hijos, además de ser abuelo de 19 nietos y dos bisnietos, no solo sirvió entre las paredes de los templos, sino que llevó el Evangelio a las calles, convirtiéndose en un pilar de fe, apoyo y consuelo para sus vecinos del sector Los Médanos.

‎Fiel Servidor de María

‎‎Centinela devoto de Nuestra Señora del Rosario, Malgaro rindió honores a la patrona de la Diócesis de Cabimas como integrante de la sociedad de Servidores de María. Dentro de esta hermandad fue guía para jóvenes y adultos, transmitiendo amor, disciplina y rectitud litúrgica.

‎La feligresía fue testigo de su fe inquebrantable. Pese a las dificultades para caminar, jamás faltó a las procesiones, viacrucis y actividades al aire libre, sirviendo a la Madre de Cristo con singular custodia, respeto y elegancia espiritual. Aunque consideraba un gran privilegio servir en la Catedral (templo matriz de la ciudad), su labor cotidiana latía con fuerza en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en el sector Las Cabillas.

‎Una vocación sin fronteras

‎‎Malgaro Medina simboliza la identidad religiosa cabimense: un hombre que, desde la humildad del servicio, dejó una huella imborrable en la historia eclesiástica de la Costa Oriental del Lago. Su paso por distintas parroquias lo hizo merecedor del afecto de sacerdotes, obispos, líderes comunitarios y de la gente común.

‎Su entrega fue tan variada como constante. No pertenecía a un solo grupo; su vocación era itinerante y acudía a donde la Iglesia o un hermano lo necesitara. Fue Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión, cofrade del Santísimo Sacramento, socio auxiliar de la Legión de María, colaborador en los Talleres de Oración y Vida, y catequista durante muchos años.

‎El toque humano


‎Era habitual ver a Malgaro caminando por las tardes como un ciudadano más, cumpliendo religiosamente con sus labores pastorales tanto en Las Cabillas como en la Catedral. Una afección en la cadera nunca logró frenarlo; con determinación se le veía avanzar a pie desde Los Médanos, o aceptando alguna «colita» amiga que lo acercara a su lugar de paz.

‎Hoy, a sus 80 años, «Margaro» parte a la casa del Padre dejando una estela de afecto en todos los que compartieron con él. Los altares de Cabimas quedan en silencio, pero en el altar del Cielo se ha encendido una nueva vela. Malgaro Medina no solo sirvió a la Iglesia: la vivió, la testimonió y la sembró en el corazón de su municipio.

Texto y fotos: Maxibel Betancourt/cortesía