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Editorial: Un día del niño inolvidable para Venezuela
Hay días del niño que se celebran con globos, risas y regalos. Pero también hay días como este, en los que el silencio pesa más que cualquier canción y un simple oso de peluche puede arrancar lágrimas a todo un país.
Este 2026, Venezuela no solo celebra a su infancia. También la llora.
La tragedia provocada por el doble terremoto del pasado 24 de junio dejó una herida que tardará generaciones en sanar. El balance más reciente habla de 5.119 personas fallecidas, 16.740 heridos, 17.907 venezolanos que lo perdieron todo al quedarse sin hogar, 856 edificaciones afectadas, de las cuales 190 colapsaron por completo. En medio del desastre, 6.462 personas fueron rescatadas con vida y más de 128.324 familias han recibido atención humanitaria.
Son cifras que estremecen. Pero ninguna de ellas alcanza a describir el verdadero tamaño del dolor.
Porque detrás de cada número había una historia. Un hogar. Una familia. Un niño con una mochila lista para regresar a clases, con un juguete favorito, con un cumpleaños por celebrar o un sueño por cumplir.
Hoy, en el Día del Niño, esos pequeños no están para abrir regalos ni correr por los parques. Hoy, sus padres abrazan fotografías. Sus habitaciones permanecen en silencio. Sus juguetes esperan unas manos que nunca volverán a recogerlos.
Quizás por eso no existe una imagen más poderosa que la nacida entre las ruinas del complejo habitacional OPPE 25, en Tanaguarenas. Allí, donde el concreto sepultó hogares enteros, vecinos y familiares comenzaron colocando un solo oso de peluche. Después apareció otro. Luego una muñeca. Un carrito. Una pelota. Poco a poco, los juguetes rescatados de entre los escombros dejaron de ser simples objetos para convertirse en un altar.
Un altar que hoy representa a todos los niños que el terremoto arrebató.
Cada peluche guarda un nombre.
Cada muñeca conserva una historia.
Cada juguete parece esperar, en silencio, el regreso de su pequeño dueño.
Editorial: Un día del niño inolvidable para Venezuela
Es imposible hoy no pensar en Matías y Mateo Peña, los hermanos gemelos encontrados sin vida junto a su abuela, un tío y dos de sus primos bajo las ruinas de la Torre G. También recordar al niño Fabio y Lucas Gámez, son historia de amor, esperanza y dolor que quedarán en la memoria de Venezuela. Ellos tenían sueños, travesuras, abrazos pendientes. Como ellos, cientos de niños quedaron atrapados bajo el peso del concreto, dejando un vacío imposible de llenar en sus familias y en toda Venezuela.
Y, aun así, cuando parecía que ya no quedaban fuerzas, surgió lo mejor del ser humano.
Mientras las posibilidades de hallar sobrevivientes son prácticamente nulas, familiares, vecinos y voluntarios continúan removiendo escombros día y noche, muchas veces con sus propias manos. No buscan solamente cuerpos; buscan despedirse, encontrar un recuerdo, recuperar un juguete, una fotografía, cualquier objeto que les permita conservar un pedazo de quienes amaron.
Ese esfuerzo silencioso demuestra que el amor nunca deja de buscar.
Desde Micrófono Zuliano, creemos que este Día del Niño debe convertirse en una fecha para reflexionar profundamente sobre el valor de la infancia. No basta con celebrar un día al año. Los niños necesitan protección, seguridad, educación, salud, espacios para jugar y crecer, pero, sobre todo, necesitan un país que los cuide.
Hoy abrazamos con alegría a quienes todavía llenan nuestras casas de risas. Abracémoslos más fuerte. Escuchémoslos más. Digámosles cuánto los amamos. Porque la tragedia nos recordó, de la forma más dolorosa, que la vida puede cambiar en un instante.
Y mientras en algún rincón de La Guaira un peluche permanece entre flores, velas y fotografías, Venezuela comprende que ese juguete ya no es solo un juguete.
Es un abrazo que quedó pendiente.
Es una infancia interrumpida.
Es un «te amo» que nunca alcanzó a decirse.
Es la promesa de que ningún niño será olvidado.
Que este día del niño nos encuentre celebrando la vida de quienes aún están con nosotros, pero también honrando la memoria de aquellos pequeños que ahora juegan en la eternidad.
Porque un país que recuerda a sus niños jamás perderá su humanidad.
¡Feliz día del niño!
¡Que la esperanza nunca deje de abrazar a nuestra infancia!
Consejo Editorial
Micrófono Zuliano
