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Santos Venezolanos

Estas venezolanas también van camino a los altares

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José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles no son las únicas figuras religiosas venezolanas camino a la santidad, la Madre Candelaria de San José y la Madre María de San José también están en la carrera hacia los altares. Por lo cual, es importante conocer más acerca de sus vidas y legados.

Candelaria de San José 

Susana Paz Castillo Ramírez, mejor conocida como Candelaria de San José, nació el 11 de agosto de 1863 en Altagracia de Orituco, Guárico. Creció como una apasionada de la lectura y con un gran talento para la confección y los bordados, habilidades que le sirvieron para ayudar a los más necesitados. 

De acuerdo al portal The Holy See, luego de que su madre falleciera en 1887, esta asumió las responsabilidades de la casa, mientras simultáneamente prestó su apoyo y auxilio a los enfermos y heridos, a quienes cuidó en una casita junto a la iglesia parroquial.  

Asimismo, con el apoyo de otras jóvenes de la localidad, la ayuda de un grupo de doctores y la del párroco de Altagracia, Sixto Sosa, fundaron en 1903 el hospital “San Antonio” para los desfavorecidos, en el que la asignaron como directora. Con sus conocimientos y habilidades para la costura y confección, fabricó hamacas, así como catres de lona, donde los atendía.

Ese mismo año, la creación de ese centro de salud dio pie al inicio de la congregación de las “Hermanitas de los Pobres de Altagracia”, conocida en la actualidad como “Hermanas Carmelitas de la Madre Candelaria”. Igualmente, tres años más tarde con la autorización del Obispo diocesano ingresó formalmente a la orden de las Hermanas y tomó el nombre de Candelaria de San José.

Estas venezolanas también van camino a los altares

Por otro lado, para diciembre de 1910, se constituyó como tal la congregación, con la juramentación de las seis primeras hermanas y el nombramiento de Candelaria como Superiora General de la institución.

Ejerció su cargo como Superiora durante 35 años, específicamente hasta 1937 cuando le cedió el cargo a la Madre Luisa Teresa Morao. Su vida y trayectoria estuvieron marcadas por su amor a la iglesia y su generosidad para auxiliar a los enfermos y a los pobres; buscaba siempre brindar una mejor educación a los niños.  

Su devoción a Cristo la llevó a recorrer muchos caminos en busca de recursos para fundar comunidades con el fin de ayudar a los demás, tarea que realizaba siempre con mucha amabilidad y amor. No obstante, sus últimos años de vida estuvieron teñidos de sufrimiento a causa de una enfermedad.

A pesar de tanto dolor, ella aceptó con paciencia la voluntad del Señor y en la madrugada del 31 de enero de 1940, posterior a vomitar con sangre y pronunciar tres veces el nombre “Jesús”, falleció.

Casi tres décadas después, para 1969 se dió comienzo al proceso para su beatificación, la cual se decretó el 6 de julio de 2007 bajo el mandato del Papa Benedicto XVI, según lo informado por el portal. 

María de San José 

La Madre María, llamada realmente Laura Evangelista Alvarado, nació el 25 de abril de 1875 en Choroní, Aragua. Su familia era creyente de Dios y desde niña su madre le inculcó y le heredó su amor por la Eucaristía, por lo cual, a sus 13 años en 1888, recibió el sacramento de la primera comunicación en Maracay, luego de que su familia se mudara para allá años atrás.  

Un poco antes de sus 18 años, ya se encargaba de preparar a los jóvenes para su primera comunión. Asimismo, para 1893 junto con el  sacerdote Justo Vicente López Aveledo, cofundó  la “Sociedad de las Hijas de María”, pasando a pertenecer a ella. 

Conforme a lo descrito por la página Catholic net, Laura trabajó durante gran parte de su vida como voluntaria en hospitales. Para 1897, comenzó a prestar su servicio en el centro médico “San José” perteneciente al padre López. 

De la misma manera, a sus casi 24 años en 1899, el sacerdote le dejó la dirección y administración del establecimiento. Posteriormente, tras un año y medio de arduo trabajo junto con otras voluntarias, fue proclamada como hermana hospitalaria agustina, asumiendo de esta forma el nombre de “Sor María de San José».

Otra venezolana camino a los altares

Igualmente, para ese mismo año, 1901, el padre López creó la congregación de las “Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús”, la cual contó con la aprobación del Papa Pio X. Más tarde, en 1903 la Madre María ocupó la posición de Superiora General, guiando a las Agustinas a brindar asistencia a los ancianos y niños huérfanos. 

Según lo descrito por el medio ACI Prensa: “En los años sucesivos, las Agustinas recoletas se dedican con esfuerzo y tenacidad a trabajar por y con los más débiles. Se fundan asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y colegios. Y como si esto fuera poco, las hermanas agustinas recoletas llegaron a abrir hasta 35 casas a lo largo y ancho del territorio venezolano”. 

Su labor la llevó a recorrer varios centros de salud alrededor del país, como en Maracaibo, Caracas, Coro y Ciudad Bolívar. Por otra parte, en 1945 estableció la Unidad Educativa (U.E.) “Instituto Madre María”, la cual después de su fallecimiento fue entregada a la Arquidiócesis de Barquisimeto.

Finalmente, el 2 de abril de 1967 tras sufrir una trombosis, murió a sus 91 años en Maracay. Sus restos yacen en la Capilla de las Hermanas Agustinas de la Casa Hogar “Inmaculada Concepción”. 

En 1982, sucedió el milagro que la llevó a la beatificación, luego de que la Hermana Teresa Silva, quien estaba inválida, se sanará después de que años atrás la Madre María de San José hubiera profetizado su curación. Por lo cual, el 7 de mayo de 1995, se celebró en todo el mundo la ceremonia de su beatificación. 

Estas beatas son un claro ejemplo de caridad, resiliencia y un servicio inquebrantable hacia su fe y la sociedad. Su legado no se limita solo al ámbito religioso, trasciende a una contribución positiva para el mundo. 

Nicole Sulentic (pasante)