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Mecánico murió arrollado en Acarigua: Su familia denunció trato indigno por falta de morgue

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Un trágico accidente vial cobró la vida de Ramón Guillermo Herrera, un mecánico de 69 años, la noche del lunes 13 de abril en la intersección de la avenida 36 con Circunvalación, en Acarigua. Herrera, residente del sector Las Palmitas de Villa Araure, se encontraba en las inmediaciones de la Universidad Politécnica Territorial JJ Montilla esperando a su hija y sobrina para escoltarlas a casa tras sus clases nocturnas. Según relataron sus familiares, el sexagenario decidió caminar por los alrededores mientras aguardaba, momento en el que fue embestido violentamente por un vehículo.

El automóvil involucrado era conducido por una comerciante de 43 años. Tras el impacto, las autoridades procedieron con la detención de la mujer, quien ya se encuentra a la orden del Ministerio Público para determinar las responsabilidades legales del caso. Por su parte, la víctima fue trasladada de urgencia al Hospital Dr. Jesús María Casal Ramos, pero falleció horas después de su ingreso.

Más allá de la pérdida física, el duelo de la familia Herrera González se transformó en indignación debido al colapso de los servicios forenses en la región. El cuerpo del mecánico permaneció desde la medianoche hasta el mediodía del martes 14 de abril en el sótano del hospital, un espacio que carece de refrigeración operativa. Esta situación obligó a los deudos a contratar servicios funerarios privados por un costo de 200 dólares para trasladar el cadáver hasta el hospital de Píritu, el lugar más cercano para realizar la autopsia de ley.

La sobrina de la víctima y periodista, Nayari González, denunció públicamente a través de sus redes sociales el trato inhumano que reciben los fallecidos y sus allegados en Acarigua-Araure. «La dignidad humana no se pierde con la muerte; hay que dar un trato digno tanto al difunto como a los familiares», expresó González en un video que se hizo viral, criticando que el principal centro de salud de la zona no cuente con una morgue funcional desde hace una década, sometiendo a las familias a gastos excesivos y a una prolongación innecesaria de su sufrimiento.