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Conoce la historia del «Influencer de Dios»

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Pantallas, videojuegos y redes sociales: todo el paraíso para los jóvenes en la actualidad; pero Carlos buscó algo más allá de lo que todos ven: él se dedicó a buscar a Dios.

Carlos Acutis, nunca fue un chico como cualquier otro y es que vivió solo 15 años, pero su legado quedará para la historia y sus enseñanzas ahora viajan por la red y están al alcande de todos.  De mirada franca y sonrisa timida, este joven italiano está  a pocos días de ser santo y es que este 7 de septiembre subirá a los altares.

Carlos, nació en Londres el 3 de mayo de 1991, y aunque venía de una familia sin carencias que podía darle todo lo que él quisiera. Muy joven se traslado con su familia a Milán y su infancia no fue distinta a la de cualquier niño de su generación: le gustaban los animales, tenía amigos, reía con facilidad.

A los 7 años sorprendió a sus padres pidiendo adelantar su Primera Comunión. Desde ese día, la misa diaria y el rosario se convirtieron en parte de su rutina.

Carlos nunca vivió  aislado del mundo, por el contrario: le fascinaba la informática y por ello aprendió programación, edición y diseño casi de manera autodidacta.

Su legado

Su talento lo llevó a crear un sitio web en el que recopiló los milagros eucarísticos registrados en distintas partes del planeta. No lo hizo por curiosidad académica, sino con la intención de que otros pudieran descubrir la fe a través de un clic. En esa labor se ganó el apodo de “influencer de Dios”, un título que retrata su capacidad de hablar el lenguaje de su tiempo sin renunciar a su espiritualidad.

La vida, sin embargo, se le escapó pronto. En octubre de 2006, Carlos comenzó a sentirse mal; el diagnóstico fue devastador: leucemia fulminante.

Apenas tuvo días para procesarlo, pero en lugar de derrumbarse, ofreció su sufrimiento “por el Papa y la Iglesia”. Falleció el 12 de octubre de 2006, dejando tras de sí la certeza de haber vivido con una madurez que contrastaba con su corta edad.

Sus restos descansan en Asís, ciudad de San Francisco, a quien Carlos admiraba por su sencillez. Allí, su tumba recibe a miles de peregrinos cada año. Su legado se ha difundido por todo el planeta y su llegada a los altares no fue una mera decisión de la iglesia. Son dos los milagros que se adjudican a Acutis: uno a un niño de Brasil y  otro a una joven de Costa Rica.

Su camino a los altares inició desde antes que dejara el plano terrenal, pero en 2020, el papa Francisco lo declaró beato, tras reconocer un milagro atribuido a su intercesión: la curación de un niño con una grave malformación pancreática en Brasil.

Más allá del título eclesiástico, Carlos Acutis se ha convertido en un símbolo: el de un joven capaz de vivir la fe sin desligarse del mundo que lo rodeaba.

“Todos nacen originales, pero muchos mueren como fotocopias”, escribió poco antes de morir. Esa frase, tan breve como contundente, resume su propuesta: vivir con autenticidad, ser únicos, no dejar que la vida pase en automático.

Y quizás ahí radica el secreto de su influencia. En la cripta de Asís, Carlos descansa con sus zapatillas deportivas, su pantalón de mezclilla y una sudadera roja, como si acabara de salir del colegio.

No parece un santo medieval ni un mártir lejano, sino un adolescente común, uno de nosotros. Tal vez por eso miles de jóvenes se detienen frente a su cuerpo incorrupto, miran esos tenis gastados y piensan que la santidad, en el fondo, también puede caminar con pasos de muchacho.

Redacción Juan Morán (Pasante)