Entretenimiento
Abelito, el influencer que convirtió la risa en el escenario
En una época en que las redes sociales parecen dictar la popularidad y la televisión busca desesperadamente conectar con nuevas generaciones, un joven zacatecano ha logrado unir ambos mundos.
Su nombre es Abel Sáenz, aunque millones lo conocen como “El Abelito”, el influencer que pasó de grabar videos en su rancho a competir en La Casa de los Famosos México.
Nació en Zacatecas en la década de los noventa, dentro de una familia que lo impulsó a estudiar. Se graduó como economista, pero su verdadera vocación estaba en otro lugar: la comunicación digital. Mientras muchos jóvenes usaban TikTok para seguir tendencias pasajeras, Abelito decidió hacer de la cámara su escenario.
Con humor desenfadado, frases coloquiales y una capacidad innata para reírse de sí mismo, comenzó a ganar seguidores. Hoy, su cuenta acumula más de seis millones de fans, y cada uno de sus clips rebasa con facilidad las fronteras de México.
Su estatura de 1.14 metros nunca fue un obstáculo; al contrario, se volvió parte de su narrativa. En lugar de esconder su diferencia física, Abelito la convirtió en bandera: supo usarla como recurso cómico, como punto de identidad y como espacio para hablar de inclusión. Lo que para otros pudo ser un límite, él lo transformó en un sello personal.
Popularidad
Su popularidad en línea pronto lo llevó a la televisión. Primero participó en el reality Tentados por la Fortuna de TV Azteca; después apareció en Par de Ideotas, al lado de Vadhir y José Eduardo Derbez.
Esa mezcla de espontaneidad y picardía lo entrenó para su gran salto: en 2025, ingresó como habitante sorpresa en la tercera temporada de La Casa de los Famosos México. Llegó en una esfera brillante, como una estrella de espectáculo, y desde entonces su nombre no ha dejado de ser tendencia.
Pero la exposición también trajo debates. Su presencia en la casa puso en evidencia las carencias de accesibilidad del programa: cámaras que no lo encuadraban, muebles imposibles de usar, pruebas no adaptadas. Las críticas se multiplicaron y, sin quererlo, Abelito abrió una conversación necesaria sobre la inclusión en la televisión mexicana.
Más allá del show, su figura encarna un estilo de vida que muchos identifican con el hedonismo. En redes presume viajes, autos y lujos, como parte de un personaje que vive intensamente el disfrute. Esa actitud, polémica para algunos y aspiracional para otros, alimenta tanto su magnetismo como las discusiones que lo rodean.
En la música
La música también se ha cruzado en su camino. Ha aparecido en videoclips de agrupaciones de regional urbano y ha lanzado canciones propias como Chi, La 380 o Miami Vice. Con ellas refuerza la imagen del “mini licenciado” con vida grande, un personaje que transita entre la broma y el show business.
Su historia todavía se escribe, pero ya deja lecciones: que el carisma puede más que las etiquetas, que la diferencia no excluye del espectáculo y que la televisión, al final, no es ajena a la presión de la audiencia digital. Abelito no es un santo ni un héroe; es un joven que entendió el lenguaje de su tiempo y supo convertirlo en visibilidad.
Quizás ahí radica el secreto de su fenómeno. En la pantalla se le ve disfrutar, bromear, presumir; pero detrás de ese personaje hay alguien que, con cada aparición, obliga a pensar en lo que significa ser distinto en una industria acostumbrada a moldes. Y tal vez por eso conecta: porque, entre risas y excesos, nos recuerda que la inclusión también puede caminar con pasos de influencer.
Redacción Juan Morán (Pasante)
