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Estrecho de Ormuz vuelve a cerrarse tras ofensiva masiva de Israel en el Líbano

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La frágil estabilidad en el Medio Oriente sufrió un duro revés este miércoles cuando Irán ordenó un nuevo cierre del Estrecho de Ormuz, el paso petrolero más estratégico del planeta. La medida se tomó apenas horas después de haberse habilitado el tránsito marítimo y surge como respuesta directa a una ofensiva aérea masiva ejecutada por Israel contra objetivos de Hezbolá en territorio libanés. Este bloqueo corta de tajo la ventana de alivio comercial que se había generado tras el reciente anuncio de tregua del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

La decisión de cierre, reportada inicialmente por la agencia Fars —vinculada a la Guardia Revolucionaria iraní—, pone en jaque las condiciones del cese al fuego mediado por Pakistán. Trump había condicionado la suspensión de los bombardeos estadounidenses contra Irán a la apertura «completa e inmediata» del estrecho por un periodo de dos semanas; sin embargo, la reactivación de las hostilidades navales por parte de Teherán sugiere que el acuerdo de desescalada se encuentra al borde del colapso debido a la interconexión de los conflictos regionales.

El detonante de esta nueva crisis fue el impacto de cerca de 100 objetivos israelíes en Beirut, el valle de la Becá y el sur del Líbano, ataques que dejaron un saldo de al menos 12 fallecidos. A pesar de los esfuerzos diplomáticos para frenar el enfrentamiento directo entre Washington y Teherán, el gobierno de Benjamin Netanyahu fue enfático al aclarar que el compromiso de alto al fuego alcanzado recientemente «no incluye al Líbano», manteniendo su libertad de acción militar contra los aliados de Irán en la zona.

Esta exclusión del frente libanés, validada por la propia administración Trump, ha sido el argumento principal de Irán para retomar el bloqueo marítimo. Teherán considera que los ataques contra su aliado estratégico, Hezbolá, constituyen una violación al espíritu del acuerdo de paz, por lo que ha decidido utilizar nuevamente su influencia sobre la ruta comercial de Ormuz como herramienta de presión política. La situación devuelve a los mercados energéticos y a la comunidad internacional a un estado de incertidumbre crítica sobre el futuro inmediato de la seguridad global.