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Santos Venezolanos

Tres historias de devoción en América Latina

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A lo largo de la historia, América Latina se ha desbordado en devoción y fe cristiana. Venezuela celebra  la canonización de los beatos venezolanos José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles, quienes serán los primeros santos del país.

Pero ellos, son los primeros de Venezuela, pero América Latina tiene hombres y mujeres  cuya vida y legado marcaron el rumbo de muchas personas. En Latinoamérica, existen diversos santos intercesores que son significativos, especialmente en sus localidades. Entre ellos están: 

Santa Rosa de Lima

Santa Rosa de Lima, cuyo nombre real era Isabel Flores, nació en 1585 en Lima, Perú. Su santificación fue llevada a cabo por el Papa Clemente X en 1671, pasando a ser la primera santa del continente americano. 

Su nombre “Rosa” deriva de un apodo cariñoso puesto por su madre, gracias a su belleza y sonrosado rostro. Asimismo, desde pequeña dedicó su vida a Cristo y a la voluntad de este. 

A sus 20 años se volvió laica consagrada de la Tercera Orden de Santo Domingo. A pesar de trabajar como empleada desde muy joven, ya que su familia no era muy pudiente, esta no dejo de lado su amor y vocación por auxiliar a los necesitados.

Por lo cual, construyó un pequeño albergue en el jardín de la casa de sus padres, en donde cuidaba y asistía a niños o ancianos. Igualmente, usaba ese espacio para realizar sus oraciones. 

En palabras de Vatican News “como terciaria dominica se encerró a vivir en una celda o ermita de pocos metros cuadrados, en el jardín de su hogar paterno, de la que salía sólo para las celebraciones religiosas, y en la que transcurría gran parte de sus días rezando en estrecha unión con el Señor”. 

A la santa, se le reconocen diferentes milagros como curar a los enfermos, asimismo, en 1615 piratas holandeses intentaron invadir Lima pero su intento falló, por ende esto se le atribuye a los «dones de gracia» de Rosa, a aquellas oraciones e intercesión. 

Fue una mujer que vivió por Cristo, incluso se aplicó a sí misma castigos corporales de todo tipo, buscando entender o imitar el sufrimiento de Cristo. Conforme a lo relatado por la web de noticias del Vaticano, “después de su muerte, cuando su cuerpo fue trasladado a la Capilla del Rosario, la Virgen de la estatua ante la cual la Santa había rezado tantas veces, le sonrió por última vez. La multitud de personas que estaba presente gritó al milagro”. 

San Martín de Porres

Por un lado, cabe destacar a San Martín de Porres, quien es procedente de Lima, Perú, y fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII, siendo nombrado como “Santo Patrono de la Justicia Social”.

De acuerdo al portal New Outlook de la Diócesis de Tucson, Martín al ser hijo de un noble español y una afroamericana panameña.  Creció en un entorno lleno de pobreza y discriminación por su raza. 

A pesar de ello, al sentir el llamado de Dios desde muy joven se unió al convento de los dominicos y se dedicó a ayudar a los demás. Cuidó de los enfermos sin importar su género, raza o situación monetaria. 

Igualmente, destacó por siempre mantener su humildad y sencillez. Empezó como encargado de la limpieza en el convento, por lo que fue apodado como “Fray Escoba”. Con mucho orgullo él realizaba estas tareas sin dejar de asistir a quienes lo necesitaban. Logrando salvar a muchas personas e innovando con el uso de las plantas curativas. 

San Óscar Romero 

De la misma manera, San Óscar Arnulfo Romero, originario de El Salvador, también es un símbolo de fe en América Latina. Fue elevado a los altares el 14 de octubre de 2018 por el Papa Francisco, convirtiéndose en el primer santo salvadoreño. 

Durante una época difícil, llena de injusticias sociales y guerras en el mundo. Decidió dejar a un lado su oficio como carpintero y entrar a sus 13 años al Seminario menor claretiano de San Miguel. 

Según la página web Vatican News, gracias a su labor ascendió al cargo de arzobispo metropolitano de San Salvador en 1977. En un tiempo donde el país estaba lleno de violencia en medio de una guerra civil. 

Conforme a lo informado por la página, tras asumir este rol creó “inmediatamente una comisión para la defensa de los derechos humanos. Llama a la reconciliación acompañada de la justicia, pero no justifica la violencia revolucionaria como respuesta a la institucional, y apela con fuerza a soluciones negociadas”.

Resaltó por ser un defensor de los derechos humanos, alguien que a través de su evangelio denunciaba actos de represión e injusticias. Además también se enfocaba en ayudar a las personas de clase obrera que se encontraban oprimidas. 

Para marzo de 1980, mientras estaba celebrando la Misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, fue asesinado tras ser impactado por una bala.

De acuerdo a Vatican News, 30 años después se dio a conocer que los Escuadrones de la Muerte (grupos paramilitares de extrema derecha) habían pagado para que lo mataran.

Antes de ser canonizado el Papa Francisco lo proclamó mártir, por dar su vida defendiendo a la fe y al evangelio. Por buscar justicia y protección para aquellos que lo necesitaban en un contexto lleno de odio y separación.  

Los santos no solo son un símbolo de fe, representan resiliencia, humildad, compromiso y sobretodo amor al prójimo. Martín de Porres, Óscar Arnulfo Romero y Rosa de Lima son algunas de las figuras más destacadas declaradas como santas en Latinoamérica, pero no los únicos. Pronto el Doctor José Gregorio Hernández y la Madre Carmen Rendiles se elevarán en los altares al igual que ellos.  

 

Nicole Sulentic (pasante).