Variedades
Paul Ricoeur y la identidad narrativa: El arte de ser el autor de tu propia historia
En “Sí mismo como otro”, Paul Ricoeur (1913 – 2005) indaga en la naturaleza de la identidad personal, y está distanciado tanto de una visión de un «yo» absoluto y auto-fundamentado como de una perspectiva que lo limita a ser ilusión. Al cierto momento sentimos el eco del Budismo, donde el «yo» es una construcción mental sin identidad permanente, única y autónoma, a diferencia de lo que se cree en otras filosofías, como el Cristianismo. El budismo afirma que el «yo» es una agregación de factores físicos y mentales en incesante cambio, y que al comprender su naturaleza impermanente y dependiente, se puede alcanzar la liberación del sufrimiento.
Según Ricoeur la identidad del «sí mismo» está intrínsecamente ligada y constituida por la alteridad. Mi yo es parte del otro y viceversa. En otras palabras, la persona se entiende en relación con los demás, no solo a partir de sí mismo, como el Uróboro, que simboliza la totalidad, la unidad y la finalización.
El libro está estructurado en diez estudios, nosotros leímos los ocho primeros.
Los conceptos de identidad
Identidad-mismidad (IDEM ): Se refiere a lo que permanece constante en el tiempo. Es la identidad entendida como la permanencia de un carácter o una estructura, como la identidad de una huella dactilar. Esta mismidad es esencial, mientras que la identidad IPSE es reflexiva, sujeta al cambio y a la promesa de cambio. IPSE es perseverante, como los rasgos físicos y el carácter. IDEM es cambiante.
Identidad-ipseidad ( IPSE ): Es la identidad como un «quién», que se elabora desde la narrativa y la promesa. El sujeto puede mantenerse fiel a sí mismo a través de sus acciones y compromisos, incluso si sus características cambian.
A partir de la ipseidad es fundamental entender la identidad personal. La identidad de una persona no es simplemente lo que es, sino lo que llega a ser a través de su historia y sus acciones. Citamos a Jean-Paul Sartre: “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Nosotros no somos arcilla moldeados por una antigua deidad en edénico lugar, ni tampoco muñecos de madera. Somos vida y muerte. De manera que lo importante no es lo que se hace de nosotros, sino lo que hacemos nosotros mismos de lo que han hecho otros.
La grandeza del hombre reside en muchas cosas, se apoya en que somos finitos en un mundo infinito, somos imperfectos en un mundo perfecto, nos angustia la idea de la nada, la angustia la idea del dolor, de la injusticia.
También somos grandeza porque quizás las fracciones de instantes que habitamos sobre la Tierra no sean para siempre y podemos rebelarnos contra lo que intentan hacer de nosotros.
Nacemos y nos hablan. Recibimos palabras, gestos, silencios, emociones y afectos. Cuando empezamos a hablar decimos las palabras que nos dijeron. Es decir, no tenemos un lenguaje propio, creemos que dominamos una lengua y es esa lengua la que nos domina a nosotros. Pero alguna vez diremos una palabra nuestra y esta va a ser nuestra libertad. Entonces el lenguaje nos condiciona, el entorno sociopolítico nos condiciona, los símbolos nos condicionan.
La identidad narrativa
Para Ricoeur, la identidad se construye a través de la narración. La historia de la vida, con un manojo de acciones, experiencias y promesas, da sentido al «quién» somos. La identidad como narrativa, se refiere a la construcción del sentido propio a partir de contar historias de nuestras vidas, como integración de momentos pasados, presentes y expectativas y anhelos futuros en una narración coherente en propósito y vocación. Desde el lenguaje podemos comprender el yo como diálogo dinámico y evolutivo.
Esta identidad narrativa es un proceso incesante de reinterpretación y redescubrimiento, donde el sujeto es tanto el autor como el personaje de su propia historia. El rol variará, pero la narración permite mediar entre permanencia y cambio.
La presencia del otro
De la dimensión ética y moral de la identidad. Ricoeur sostiene que el «sí mismo» se constituye a través de la relación con el «otro». El reconocimiento del otro es un componente esencial del ser. a través de la definición del otro en parte se explica a uno mismo Sin embargo, de la contabilidad de diferencias y semejanzas,las sociedades y grupos excluyen a «otros» que no encajan en su sociedad u ocupan un lugar subordinado en ella. La noción de «otredad» forma también parte integral de la comprensión de una persona, ya que es el individuo mismo, por uno o muchos, como persona o comunidad, la que asume un rol en relación con “otros” como parte de un proceso de reacción que no tiene por qué estar relacionado con la estigmatización o la condena.
La noción de otredad está muy ligada a las identidades nacionales, porque las prácticas de admisión y segregación pueden formar o mantener las fronteras y el carácter nacional. La otredad ayuda a distinguir entre lo familiar y lo lejano, entre lo cierto y lo incierto, entre lo conocido y lo extraño. A menudo implica la demonización y deshumanización de un grupo, que intenta justificar la explotación de ese otro inferior alegando razones civilizatorias.
Ética: Se basa en la «aspiración a una vida buena con y para los otros en instituciones justas.» La ética es un proyecto de realización personal que se da en un horizonte de relación. En la evolución del sentido del vocablo, lo ético se ha identificado cada vez más con lo moral, y la ética ha llegado a significar propiamente la ciencia que se ocupa de los objetos morales en todas sus formas, la filosofía moral.
Moral: Se refiere a las normas y las obligaciones. Ricoeur introduce la noción de «solicitud», que es una forma de empatía y de respuesta al sufrimiento del otro. La conciencia moral no es una voz interna aislada, sino que es la voz del otro que interpela y nos llama a la responsabilidad. Se refiere a las costumbres, sin embargo, el término ‘moral’ tiene una significación más amplia que el vocablo ‘ética’, aunque se los confunda.
El otro como reconocimiento: la identidad se afirma en el reconocimiento mutuo. No podemos hacernos «nosotros mismos» sin ser reconocidos por los demás».
La solicitud: introduce el concepto de «solicitud» para describir una forma de empatía que nos lleva a responder al sufrimiento y la necesidad del otro. La conciencia moral no es una voz interna aislada, sino la voz del otro que nos interpela y nos llama a la responsabilidad.
Las instituciones justas: La ética de la vida buena no se limita a las relaciones interpersonales, sino que también se extiende a las instituciones. El ideal de una vida buena es «con y para los otros en instituciones justas». La justicia, por lo tanto, es el horizonte de la ética.
En resumen, “Sí mismo como otro” nos enseña que el «yo» no es un individuo aislado, sino un ser en constante relación y diálogo con los demás. La verdadera comprensión del «sí mismo» no se logra a través de una introspección solitaria, sino a través del encuentro con el otro. La identidad no es una sustancia fija, se construye a través de la narración de nuestra vida y se realiza y comprende en el encuentro ético y moral con el otro, en relación dialéctica con la alteridad. Somos quienes somos gracias a los demás.
Cuadro analítico: «Sí mismo como otro» (Paul Ricoeur)
| Categoría Filosófica | Concepto Clave | Descripción y Dinámica en el Texto |
|---|---|---|
| La Naturaleza del Yo | Desmitificación del «Yo» absoluto | Ricoeur se distancia tanto de un «yo» absoluto y autofundamentado como de una perspectiva que lo reduce a una mera ilusión. Presenta un eco con el Budismo al entender que el yo no es una identidad permanente, única o autónoma, sino una construcción en incesante cambio. |
| Identidad Estructural | Identidad-Mismidad (IDEM) | Responde a la pregunta ¿Qué soy? Se refiere a lo que permanece constante y estable en el tiempo (visto como la permanencia de una estructura o carácter, por ejemplo: una huella dactilar o rasgos físicos invariables). |
| Identidad Existencial | Identidad-Ipseidad (IPSE) | Responde a la pregunta ¿Quién soy? Se elabora desde la acción, la narrativa y la promesa. Permite al sujeto mantenerse fiel a sí mismo y a sus compromisos a través de su historia, siendo una dimensión reflexiva y sujeta al cambio. (Conecta con la premisa de Sartre: «Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él»). |
| Mecanismo de Construcción | Identidad Narrativa | El sentido del «quién» se construye a través del acto de contar historias de nuestras vidas. Integra momentos pasados, presentes y anhelos futuros en una narración coherente, donde el sujeto actúa de forma simultánea como autor y personaje en un proceso incesante de reinterpretación. |
| El Rol del Lenguaje | Condicionamiento y Libertad | Al nacer, el lenguaje, los símbolos y el entorno sociopolítico nos condicionan (creemos dominar una lengua, pero es ella la que nos domina). La libertad surge en el diálogo dinámico, en el instante en que el sujeto es capaz de articular una palabra propia. |
| Dimensión Relacional | La Alteridad y Otredad | El «sí mismo» está constituido intrínsecamente por la relación con el «otro» (el reconocimiento mutuo). Sin embargo, la noción de otredad también sirve en las sociedades para establecer límites, exclusiones o procesos de segregación que definen las identidades nacionales. |
| Dimensión Práctica | La Ética | Se basa en la «aspiración a una vida buena con y para los otros en instituciones justas». Es un proyecto de realización personal en un horizonte de relación (filosofía moral). |
| Dimensión Normativa | La Moral | Se refiere a las normas, costumbres y obligaciones. Introduce el concepto de solicitud (empatía ante el sufrimiento del otro). La conciencia moral no es una voz interna aislada, sino la voz del otro que interpela y llama a la responsabilidad. |
| Horizonte Político | Instituciones Justas | La ética de la vida buena trasciende las relaciones interpersonales y se extiende a las estructuras públicas. La justicia se convierte en el horizonte y validación de la ética. |
Pedro Luis Ramírez
CNP 8.186