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Noruega despidió al rey Harald V en un funeral de Estado

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Noruega rinde homenaje este miércoles al rey Harald V en un emotivo funeral de Estado que reúne en la capital a miembros de la realeza europea y a altos dignatarios internacionales. La ceremonia despide a una figura caracterizada por su estilo moderno y unificador, cuyo reinado de más de tres décadas concluyó en medio de recientes controversias en la casa real.

El monarca, que llegó al trono en 1991 y se mantuvo como el soberano más longevo de Europa hasta su fallecimiento el pasado 28 de agosto a los 89 años, destacó por encarnar una visión abierta y tolerante del país. A pesar de los problemas de salud que afectaron sus últimos años, Harald V descartó sistemáticamente la abdicación y mantuvo una elevada popularidad entre sus ciudadanos.

Entre las autoridades y representantes internacionales que asisten a las exequias en Oslo se encuentran el príncipe William del Reino Unido, los reyes Felipe VI y Letizia de España, así como los presidentes de Ucrania, Finlandia, Alemania y la República Checa. También se sumaron los primeros ministros de Francia y Tailandia, los príncipes herederos Akishino y Kiko de Japón, las familias reales escandinavas, los monarcas de Bélgica y Países Bajos, el príncipe Alberto de Mónaco y el rey Abdalá II de Jordania.

Procesión y honores de Estado

El cortejo fúnebre tiene previsto partir desde el Palacio Real a las 12:00 locales (10:00 GMT). El féretro, trasladado sobre un carruaje de artillería, recorrerá la arteria principal de la capital hasta la catedral luterana de Oslo, donde los actos religiosos darán inicio a las 13:00 con un minuto de silencio en todo el territorio nacional.

La procesión a pie estará encabezada por la familia real noruega junto al nuevo monarca, Haakon VIII, de 53 años, acompañado por jefes de Estado y delegaciones invitadas. Por motivos de salud, la reina viuda Sonia, de 89 años, y la nueva reina Mette-Marit —quien recibió un trasplante de pulmón el pasado junio— seguirán el trayecto desde un vehículo. Asimismo, Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior, recibió autorización para acudir tras apelarse su condena de cuatro años de prisión por delitos que incluyen dos violaciones.

Al término de la misa funeral, cuatro cazas F-35 de la Fuerza Aérea realizarán un sobrevuelo en formación sobre la catedral. Posteriormente, los restos mortales se trasladarán a la capilla del castillo de Akershus para ser depositados en la cripta del mausoleo real junto a sus padres y abuelos, dentro de un sarcófago diseñado bajo reserva con un costo de dos millones de dólares. Concluidos los actos sepulcrales, las banderas nacionales volverán a izarse a tope y las campanas del país repicarán durante una hora.

Para garantizar la seguridad del evento, la Policía de Noruega ha puesto en marcha una de las operaciones más vastas de su historia, movilizando a cerca de 3.000 agentes junto al despliegue de 3.500 efectivos de las Fuerzas Armadas.

Muestras de afecto y balance de su legado

Durante la última semana, miles de personas acudieron a dar el último adiós al monarca, formando filas durante horas frente al féretro y cubriendo la plaza del palacio con flores, notas y velas en señal de afecto hacia quien varios ciudadanos calificaron como «el abuelo de la nación».

A lo largo de su trayectoria, Harald V promovió la inclusión y la diversidad, valores que sintetizó en su reconocido discurso de 2016 con motivo de sus 25 años en el trono: «Los noruegos son chicas que aman chicas, chicos que aman chicos, chicas y chicos que se aman uno al otro (…) Los noruegos creen en Dios, Alá, el Universo y en nada».

El fallecimiento del monarca ha provocado una recuperación en la valoración de la institución. Según recientes sondeos, el respaldo a la monarquía subió al 72 %, ocho puntos más respecto a las mediciones del pasado mayo. El apoyo popular había registrado en febrero su nivel más bajo (60 %), producto de diversos escándalos vinculados a la imagen de Mette-Marit y a los procesos judiciales de su hijo.

El nuevo monarca, Haakon VIII, asume la jefatura del Estado ostentando altos niveles de aceptación popular, en un contexto donde las opiniones públicas sobre la nueva reina consorte permanecen divididas.

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